La escena en que ella llega y...
 


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Bienvenida a casa, preciosa, bienvenida
a esta página en blanco
donde vivo.
No te costará familiarizarte, no hay
mucho para ver.
El hijo monstruoso que tuve con
cierta hechicera ciega
vive encerrado en el altillo.
Come sólo una vez al día: piernas
de guitarra, antebrazos
de secretarias gubernamentales,
cosas así.
No hay mascotas excepto
yo mismo cuando me emborracho,
y nadie viene de visita sin previa muerte.
El teléfono quedó estéril
de tanto prestarle el cable a los suicidas,
y la carne que crece en el jardín
se riega sola con su propia sangre.
Los vecinos aúllan, pero
el horror de mi violín los enmudece.
Por otra parte todos los cuchillos
se herrumbraron,
así que el peligro de que te descuartice
es mínimo.
No hay plantas que cuidar ni otro ser vivo
excepto yo cuando te salto encima.
Y el único ritual neurótico que observo
es tener las ventanas bien cerradas
cuando sale el sol.
Bendice este, desde hoy tu nido,
y sentémonos a esperar la muerte
bebiendo el vino agrio de mis venas.
Bienvenida…
 

(la luz de una cínica sonrisa
ilumina la silueta de mujer que
se recorta en la puerta destrozada.
Funde a negro)