La casa de Shira, take 2: Papirosn & Aire acondicionado

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40 grados de indignidad,
de miseria, de infamia,
de suciedad —de calor
si querés ser simplista— se abaten
sobre las calles
de Buenos Aires,
40 grados de
horrenda desolación multitudinaria,
de sudor japonés, perfume y
pestilencia,
frustración hediente,
inimputables presentadoras de
FM atemporales como
la distancia o el interior
de las ambulancias,
40 grados asquerosos,
                  asco
                  ciudad del asco
                  asco de ciudad
lo peor del hierro americano
hecho burbujas caldosas,
pestilencia, perfume, asco.

Luego hay una puerta.
No tiene guirnaldas de
hielo vulcano, es cierto, pero
eso a quién le importa (que el portero
las ponga). Luego,
ya es tu casa.
17 grados, caos de “morning
after”, perro quiróptero,
gato sexópata, Groucho
Marx aplastando un
ejemplar de mi novela, el mundo
como un lugar posible.

Luego tu voz.
Me gusta esa gente que
recuerda que hay algo
que no recuerda, que sabe
que hay algo que deberían
recordar”
.

Sí, claro que sí. Y sigo
liando mis papirosn de
tabaco belga
mientras tu computadora dispara
la pista de música y
me cantás “Anastasia”,
como ratificando que formás parte
de mi invisible Ejército Vengador
y que, dada esa circunstancia,
mi eterna venganza universal tiene
serias posibilidades
de resultar exitosa.