¿Qué tal tu día...?

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Los oyentes de FM flameaban
al viento, ensartados en lo alto
de las antenas, como un bosque
de empalados rumanos que no oliera.
Abajo en las calles —que sí huelen, a
incurable miseria—, los muertos
de Buenos Aires se paseaban
cada uno con su lápida sobre el pecho
y otra lápida —robada— en la espalda,
como inertes sandwich-men anunciando
la repetida reposición de la comedia
de los horrores provincianos del sur.
Parece que el Presidente
intentó chupársela al Papa en
su visita oficial, o viceversa.
Y en el río sigue en auge la gangrena.
Nada nuevo, como ves. Un día cualquiera.

Por cierto, ¿te lo había mencionado?:
ayer
me enteré de que la chica del bar
renunció y ya no vuelve, y entonces,
algo irritado,
degollé al dueño con el filo
de un oxidado cenicero.

Pero nadie me busca,
bendita sea esta tierra.
¿Comemos…?