El punto es que…
 


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Algunas de mis amigas
están envejeciendo.
Mi hija no sabe quién fue Göring.
Los nazis tienen sus Fiestas del Solsticio,
los judíos su Baile del Converso,
Cristo es un actor pasado de moda
al que sólo le queda
ser el invitado permanente y siempre ignorado
de los unos y los otros,
y yo apenas si pude mojar un trozo de pan amargo
en el borsch del “Bodensee”
y lo pagué con mis dientes.
En Buenos Aires
la matemática es un credo esotérico,
hermético. Ahora
rige la lógica de los meteorólogos.
Me asomo cada mediodía
a una ventana ciega,
obsesivo y puntual,
pero por la calle no pasan más que
marionetas manchadas de amarillo
desenroscando sus ombligos de musgo,
distraídas e idiotas.
Jorge dejó de pintar, y Juliette Greco
ya tiene 78. La chica del río
ya no encuentra flores en la basura,
y todas las canciones chapotean
en la decrepitud. Quién sabe
si Jerome seguirá cantando
Moonlight in Vermont” en
el “Tire-Bouchon” de Montmartre.
El amor es rencoroso
con sus adictos recuperados.

Tenía que decirte estas cosas, así,
torpe y apresurado,
porque amenazabas con
enviarme un e-mail
para saludarme por mi cumpleaños.