Permalink

Back

Home
 

 

 

 

Mi cerebro usa camisas
sin bolsillos.
Por eso Buenos Aires
viaja suelta dentro del
cráneo, golpeando las paredes
de la cavidad como
cajas sueltas en la cajuela
de un camión desvencijado
que trastabilla
por un empedrado de barrio del sur.
Por eso en un cuarto de
Paris o de Ginebra o
Roma, en Bruselas o en
Saint-Malo, en
cualquier cuarto donde me
eche a descansar tras
una caminata, Buenos Aires
se licuifica y se derrama
por mis orejas
ensuciando la belleza de
la distancia,
manchando,
enchastrando,
ennegreciendo.
Por eso tan a menudo
soy invitado a retirarme
de las mullidas
almohadas de la gloria.
Mis ojos son verdes”, les digo,
pero es inútil.
Ellos me echan con
radares
y cerebros con velcro en los bolsillos.