Nieve rusa

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Borracho de nieve rusa,
entré al Salón de la Melancolía donde
el Zar aburría a los poetas del diseño.
Y te vi
bordada en la pesada cortina de terciopelo,
en hilos de oro,
amarillo sobre rojo, sobre azul, labrada.
Cuando tu imagen comenzó a
desprenderse y a proyectarse,
corrí hacia la cortina y
me envolví con ella.
Y fue así que
todo el cortinado completo se desplomó
sobre la amable concurrencia
y le expliqué al Zar
dónde podía meterse
su estúpida Medalla de Bienvenida
a la metáfora.