Please please fix me
 


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He venido a traerte mi cuerpo
para que lo repares.
Afuera el viento es una odiosa
sopa de madre católica inmigrante,
pero traje un poco de lluvia
que reservaba para una noche como esta.
Entonces, ¿creés que podrás ocuparte? Confío
en que sí. Te he visto hacer milagros.
Bueno, al parecer todos los circuitos
están cortados, mi mente exógena
se acuesta en camas prestadas y
despierta en su propio laberinto afónico,
y el lóbulo de mi oreja izquierda
se quedó atorado
entre glúteo y glúteo de la chica del bar,
pero de eso recién me doy cuenta
ahora que me arreglo el pelo
ante el espejo de tus adorables y anacrónicas
lentes rojas.
Manos a la obra, maga.
No hay prótesis para lo corrupto,
no hay donantes para trazos carcomidos.
Y el destino de todo implante
es el rechazo, lo sé, es
una cuestión de carácter.
Pero tenés que reparar mi cuerpo, ya vimos
a muchos amigos morirse por
estar hartos de ser jóvenes.
Así que tendeme sobre tu cama
—sé que siempre te gustaron los
muñecos malditos— y restaurá
todas las conexiones. Que mi
mente deje de colgarme entre las piernas.
Que este saco de huesos vuelva a ser
funcional a los ritos de la desmesura
y a las madrugadas metafísicas
que nos sorprendían
en barrios cuyo nombre
no teníamos muy claro.
Ponete a trabajar, maga,
ahora mismo,
mientras yo desato la lluvia y
te enciendo un cigarrillo.