Lyon

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Una mano me acerca el pequeño,
delicado vaso con licor de pera.
Otra el cognac. Bebo de ambas.
Ellas no saben que estoy pensando en vos.
Tampoco yo lo sé.
Hay sillas en la calle,
hay un libro abierto sobre la mesa.
Y habrá una foto de esta mesa.
En esa foto seremos
los espectros que fuimos
en la tarde de Lyon.
Vivir atónitos, aturdidos de infinito,
es casi una perversión.
La vida
debería ser una invitación a la hoguera.