La primera vez que me pasa
 


 

 

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No es que me inquiete tu casa,
no es que tu cama no me inspire,
no es que no ardiera
cuando entramos a tu cuarto rodando,
bailando el vals de los posesos.
Es sólo que
vi que otro olvidó una muleta
junto a tu mesa de luz,
y me distraje irremediablemente
con la idea de alguien saliendo del cuarto
a los saltitos sobre una sola pierna, con ese
espasmo tragicómico
que hay en la resignación.