Estimada Señora Editora


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At the end of this sentence,
rain will begin”

Derek Walcott


 

Tus ojos de amarga Madonna se
inundaron de furia —casi
parecieron vivos— cuando
los poetas me sentaron a tu mesa,
como si todo el asunto derivara
de la jodida venganza de algún dios
en el que nunca creíste.
¿Por qué tanta sorpresa?
Lo extraño más bien es que no haya sucedido
antes, siendo que ambos vivimos
en el perfumado pañuelo de
los sensibles.
Algún día en algún lugar íbamos a cruzarnos…
¿Por qué parece resultarte tan raro
que nos estemos mirando por sobre
esta horrenda comida tailandesa,
compartiendo en secreto la inevitable imagen
de tu boca repleta de mí, rendida,
desbordada? No es más raro,
en todo caso, que
aquel mismo momento, tan ajeno,
tras la puerta del toilette de tu oficina,
mientras otros poetas esperaban
en la antesala.
Cualquier acto entre hombres y mujeres,
¿no es acaso también una rareza?

Así que
descansá ya esa mirada que pretende
llevarme a declarar
ante un tribunal de hojas secas,
a mí, que soy
inocente de falsificar cualquier lluvia.