Epílogo: Algo de mí

 

 

Esto que somos
 

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De alguna forma extraña, soy el muerto
mirado por los ojos de su hermano
culpable e inocente. En un puerto
de la lejana Irlanda soy las manos
del duro pescador. De alguna forma
secreta, soy el cuello en que la espada
se hunde, en un combate que no informa
el griego. Soy el griego y soy cada
troyano asombrado ante el caballo.
De alguna forma rara, soy la fuerza
de un rubio dios cuyo nombre era el rayo
(o el trueno, qué más da). Y soy la tersa
mejilla de Julieta en los balcones
del mundo. Y el romano en la postrera
mañana del puñal y las traiciones,
que entiende que morir es la primera
obligación de un mito. Soy el Golem
perplejo del judío, en esa historia
que no contó y debió contarnos Scholem
Aleijem. Soy la voz de tu memoria,
tú lo eres de la mía. Flor. Escoria.