Educando a Majo (Geografía)

 

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Allá la espada en la piedra, y
un pequeño pueblo toscano con
un sacerdote demente
como vigía. Aquí
el pubis amarillo y violeta,
el mineral, y una
modesta espada con más herrumbre
que gestas.
Allá también,
sobre el granito rojo ya borracho de mareas,
la huella del cochero de la muerte
rumbo a Enez Veur. Y aquí
los senos de bamboula y arena húmeda
que cristalizan en volcanes,
y dos manos saciadas de antemano.
Allá la luz irreal del Pontevecchio
cuando, cayendo, el sol se
aferra con dos dedos
a la ínfima ventana del altillo
del joyero loco. Aquí, sí, aquí la boca
que se abre anhelante y que despide
prismas traslúcidos donde hay oro suspendido
entre motas de polvo inconcebible,
y esa sed que la alimenta.
Allá mi madre Roma, mi vientre, mi
deseado destierro, mi destino,
la luna del Trastevere, la fuente,
las colinas. Aquí
estas colinas.
Allá el vino en Montmartre, el piano y
los fantasmas que arrullan el dibujo
de ese gesto que es la vida. Y aquí
los siempre nuevos,
deslumbrantes cuervos blancos
de tu risa.