Un comentario antes de dormir

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Ninguna mujer es
puta
y eso es lo que me preocupa.
Ni siquiera las putas.
Ninguna.
Murió Pavarotti, quedan
Castro y el sobrino-nieto
de Bush, yo mismo
soy una puta hermosa
ante auditorios que no
entienden y sonríen, pero
no hay mujeres en el club,
ninguna mujer lo es.
Ninguna mujer es puta, y eso
me preocupa seriamente.
Los políticos tienen razón, las
madres tienen razón, los ciegos,
los estudiantes, los
violadores tienen razón, todos
están colmados de razones para
no atender la mía, la que
tanto me desvela.
Las calles rebasan de
psicóticos internados, los hospicios
no hincan el diente hace
décadas, los sesos carcomidos
y purulentos de
los chicos de la esquina
florecen como una bijou hediente
a través de
sus orejas, Mishima contesta
la línea de asistencia al suicida,
hasta es posible que Cristo
regrese en estos días
envuelto en su delirio y su
resaca, y todo, todo esto
llegó a tal punto
sólo porque hace siglos que
ninguna mujer es puta.

No grites. No niegues, no sudes.
Te pido que lo pienses.

¿Podrías imaginarlo?:
un mundo henchido de mujeres
amando inútilmente a los
inútiles.

Es tan sencillo que da pena.
O ganas de matar.
Es todo tan banal que ni da ganas.

Nacer ya es llegar tarde.

Hasta mañana.