Colores

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El vendedor de bolígrafos
baja frustrado
del colectivo.
Eran en verdad
baratos
sus bolígrafos,
y los acompañaba
—en este mundo siempre
hay que ofrecer más— con
un marcador bifronte (está
bien, él no usó esa palabra, es
cosa mía), rojo
de un lado, azul
del otro, tinta
al alcohol. El vendedor
no acaba
de comprender su
fracaso.
No piensa
que nadie necesita
escribir nada,
ni siquiera sobre un
CD, ni en rojo
ni en negro,
ni piensa que a nadie le importa
que eso sea
lo único que tiene hoy
para vender, y que
si no vende nada
los jugos gástricos del monstruoso
mundo suburbano
estarán de fiesta
esta noche.

Nadie escribe
nada, y todos
están seguros de que
lo que tienen para vender debe
ser vendido.
Nadie sostiene
este orden de cosas,
pero todos lo hacen.

Yo escribo esto con una vieja
Parker ’51, y con
tinta verde.