Balada

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Colgada de un silencio impronunciable,
meciéndote en las líneas de mi mano,
y luego recostada en el temprano
olvido de una noche inolvidable:
así te conocí, si es que hay manera
de conocer a alguien. Te doblabas
sobre el dorso de mi voz y cantabas
aquello de morir en primavera.
Después fuiste una luna insospechada
y ausente en el fragor de la tormenta.
Con una gutural y cenicienta
canción te despediste de la nada.

Qué tristes son los amores bendecidos,
los malditos, los hallados, los perdidos…