Música de cañerías
 

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Als Gregor Samsa eines Morgens aus unruhigen Träumen erwachte,
fand er sich in seinem Bett zu einem ungeheueren Ungeziefer verwandelt.

Franz Kafka, “Die Verwandlung”
 

Un monstruo de cáñamo ha muerto
en lo profundo de nuestras cañerías,
querida.
Sus restos comienzan a salirse
por la taza del inodoro,
por el desagüe del bidet,
y la imagen no es agradable, no:
colgajos empastados y viscosos
a contramano de las corrientes de agua,
gusanos descompuestos entrelazados
que transmiten una actitud mendicante
a pesar de la muerte.
Pero yo no sé qué hacer con esto, y por eso
me arrojo dentro de la pequeña carpa playera
para niños
que hay en el jardín, esa suerte de iglú
plástico donde sólo puedo recogerme en
posición fetal,
como dentro de un capullo
modelado en baba conyugal.

No voy a salir, no insistas.
No, y menos ahora, que
encontré en un pliegue del iglú
este puñado de monedas de 25 centavos
atadas como en un trabajo de fallida magia negra
con cinta Scotch falsificada en China.

No, querida, lo siento.
Que todo se inunde, y que
los leprosos del mundo
vengan a ahogarse en este río
donde flotan restos de cáñamo
y miembros de amantes que no quisimos recordar.