Vezin le Coquet (Ille-et-Vilaine)
 

 

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El sendero aparece al costado de la casa, como si lo hubieran trazado a fuerza de huir por la ventana. No es más que un metro de tierra entre el follaje que baja serpenteando hasta abrirse de pronto ante el pequeño lago, poco más que un estanque, cuya forma se desdibuja bajo las ramas quietas que se vuelcan sobre las quietas aguas como expresando la inmóvil y perenne duda de beberlas. Más allá de la arboleda están las callejas curvas que entrelazan en encuentros imprevisibles sus nombres de poetas: la esquina de Rimbaud y Baudelaire, la esquina de Villon y Verlaine… Me siento en el viejo banco de piedra, y por encima del continuo de la lluvia entre las hojas y sobre el lago escucho tu risa en la casa. Toda esta magia te ha emborrachado un poco, pero en el sustrato de tu risa está grabado el gordo que, a 14.000 kilómetros de aquí, te espera con su promesa de hijos y domingos. Él es la marca de agua en el hueco de tu cabeza en la almohada, no yo. Pero vos disfrutás tanto esta pequeña farsa trashumante, que sería descortés de mi parte mencionar cualquier migaja de realidad. Además arruinaría esta lluvia y este cigarrillo, y en especial todo lo que me harás esta noche en pago por mi silencio.