Acerca de mi mensaje en tu contestador

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Estaba en aquel bar, algo borracho
(donde “algo” es pura diplomacia borgesiana),
y el viejo del piano
manoteaba las teclas tan cerca de mi cabeza
que al rato ya metía su pie por mi oreja
y usaba mi tímpano como
pedal de resonancia.
Hablaba de vos con Alejandra (no creo
que algún día la conozcas). Luego ella
se fue al baño, y entonces te telefoneé
con esa voz gutural
de la que tanto te quejaste. Es cierto, queda mal
que se oiga un mensaje así en tu contestador
estando presente tu nuevo amante. Pero
creéme: yo no hablaba de amor,
me acordaba de tu culo —aunque vos
ya no puedas entender qué tremendo homenaje
es ese. De tu culo y de
tu sagaz comprensión de las mareas, sí, y de
tu culo, y del modo tenue que tenías
de acunar la borrasca, y de tu culo, y
de tu manejo del viento, sí, y
especialmente
de tu culo.