Borges on Avon
 

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XXXVIII

 

No te encontraste jamás con Leonard Cohen.
Se cruzaron en Paris en el ’72,
pero no lo viste porque
Paris no es un laberinto de espejos.
En fin, tampoco te cruzaste
conmigo, ni yo
con Cohen. Y sin embargo
allí anduvimos los tres,
querido Borges, con nuestro
ignorado desencuentro a cuestas,
una trinidad
insospechada, por nadie bendecida,

atravesada por esas ausencias
que uno no se atreve a imaginar.