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XXXV

 

Más allá del deseo por la falta.
Un posible descanso sin cansancio.
Libertad, pero más allá del rancio
deber de violación que impone. Alta

tarea de ir más allá. Un paso
tan sólo. Donde la cruz del deseo
resigna su comercio. El planteo
de ese más allá, en todo caso,

es poco más que un juego, una sospecha
errática que sin embargo acecha
al pálido fervor de la conciencia.

¿Quién dice que hay que pagar deuda alguna?
¿Por qué no dar un paso hacia una
presencia que no postule la ausencia?