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XXX

 

Parece que no era suficiente
con ser uno y el otro. No. Parece
que, inevitable, dentro de mí crece
aún otro, el tercero, el que presiente
que el tres, el número vertiginoso
que ni siquiera pudo aunar Pitágoras,
que es paradoja, encierro en el ágora,
signo del nacimiento numinoso
de lo múltiple, será ahora un destino
que no elegí, pero que el desatino
de esta vida ha puesto como un potro
indomable e insoslayable ante
mí. Soy esa certeza espeluznante:
soy el que apenas soy, y otro, y otro.