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XXVI

 

Al acecho del veneno,
en una ciudad perdida
para siempre, malherida
por ese cuchillo ajeno
de los años, en el pleno
estupor de una avenida
y una malgastada vida,
comprende con luz perpleja
esa rara moraleja
que es sentirse renacida.

Contra todo mandamiento,
con una lógica inversa,
como un planeta en reversa,
sacude el aturdimiento
en las narices del viento
con un gesto de cigarra,
y el pasado que la amarra
se desarma, inofensivo
ahora, como un cautivo
confinado a la guitarra.

(La vida es insoportable,
en las sombras y en las luces.
A veces, cargar las cruces
o entregar el cuello al sable
resulta más manejable
que aceptar que ella te imponga
renaceres, y disponga
a su antojo de tu muerte,
borrándola de tu suerte
como en esta milonga).