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XXIV

 

Acabo de nacer y estoy dormido.
No hay llanto ni alegría. Un sol inerte
ensucia con su luz de barco hundido
mi primer día camino a la muerte.

Acabo de nacer y no estoy vivo.
Qué extraña encrucijada. Las promesas
se ahogan en un pantano de espesas
paredes cuyos bordes no percibo.

Oh árida pupila enardecida,
demente, sin color, sombra escandida,
¿no dejarás que la claridad entre?

No hay lejos ni cerca, no hay ahora
ni hay después, ni urgencia, ni demora.
Acabo de nacer. ¿Dónde está el vientre?