Borges on Avon
 

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XIX

 

Tenías un secreto. Tenías tu guarida
perfecta e inviolable. Tenías un refugio:
tu entera vida era un tenue subterfugio
que los otros urdían, no tú. La consabida

hoguera de los tontos levantaba un castillo
que los dejaba fuera, gritando ese nombre
con el que definían un contorno de hombre.
Mas la palabra Borges sólo era otro ladrillo

que elevaba los muros, tras los que te escondías
aún sin pretenderlo. Los versos y los días
sumaban a la bruma que te hacía invisible.

Quizá lo disfrutabas. Quizá lo padeciste.
Era un destino raro, tal vez no menos triste
que el mío o el de cualquiera. No menos increíble.