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XI

 

Tu padre me forjó: cuando yo ni era,
me puso entre las manos la guitarra
y al rato se murió. Hubo una parra
perdida, y luego un patio y la escalera

que iba al desván de mi locura
naciente. También me diste la mesa
larga y desaforada, y la entereza
que me enseńó a reir en la más dura

de las noches. Y tu ácida, encendida
costumbre de fotografiar la vida
con lente de delirio en cada encuadre.

No es mucho. No hace falta más. Es todo.
Por eso hoy quise cantar de este modo
el raro azar de que fueras mi madre.