MARIBEL MORA CURRIAO


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Ülkantun, V
 

Serás de mí

 seré de ti

oímos los susurros.

Nuestros cuerpos

doblegaban el silencio.

 

Mujer del bosque

   dijiste

kurrimalen, piel oscura

salvajes tus cabellos

tus deseos.

 

Sales de aguas puras

 aguas buenas

envuelven tu mirada.

Las estrellas

anidan en tus sienes.

 

Oscuridad de selvas

     y quebradas

abriéndose al abismo

 el cáliz embriagante

  de tus besos.

 

Nahuel de las montañas

respondí

  a tomarme vienes

a tenerme caminante de las nubes.

 

A tientas la noche

 la extensa colina

 nuestros miedos

no supieron de palabras.

 

Eras mío

  era tuya 

nahuel puro aliento

puma desbocado

tras la presa.

Fuego y sueño

tu piel sobre mis huesos.

De mi luna

de mi sangre

tus semillas.

Florecieron los cerezos

 desde entonces

brotaron los dihueñes

en los campos.

Como locas las abejas

 derramaron mieles

volaron

loicas y perdices

hacia el monte.

Ocultas las vertientes

endulzando aquel rocío

se abrieron paso

entre las flores

y tu abrazo.

Huilliche amor

 pehuenche

en nuestras venas

sin tregua la tierra toda

en nuestros cuerpos.

Desnudo florecía

el bosque entero

  la montaña

repetía las plegarias.

Los cantos

  las estrellas

persignaban

  las sombras

la  luna

la noche

     en llamaradas.

 

Me envuelven tus cabellos

negros

         me enredan

me atan

 a tu piel enardecida.

Cada latido 

de tus aguas profundas

enredados sobre campos

amarillos.

Cardos blancos

iluminando la tarde

  la montaña

augurando en el silencio.

¡Que salga el huitranalwe,

ahora no tememos!

¡Que salga anchimallen!

¡Que oigan los kalku!

Que nada los detenga

   en este sueño

Genechén nos cobija

en su mirada.