SALVADOR MARIMAN


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La señora Marta

 

La señora Marta tiene ya más de cuarenta inviernos desolados,

es humilde y vive de lo que alcanza su sueldo.

Tiene dos frutos de un amor que ya ni recuerda que fue así

y el sufrimiento se sirve cada mañana frente a una estufa chiquitita.

La señora Marta llora de vez en vez

y lo único que la mantiene con vida,

es la esperanza de que las cosas puedan cambiar.

Su hija desapareció por semanas,

ya ni comía preocupada hasta el día en que apareció

y la sonrisa volvió.

Hoy su marido se enfermó y dicen que es de cáncer,

su hijo estudia y trabaja,

ella es ama de casa

y quisiera que su familia pueda comer en la mesa tranquila

que callada se ensancha con las tristezas ya derramadas.

Un día le entraron a robar,

pero lo material alcanza;

ella espera eso que nunca pudo recuperar

y yo pienso que es una deuda histórica que nadie quiere pagar,

cuando aquí somos todos culpables.

Señora Marta, señora Marta,

lamento no poder hacer más y yo sé que usted también.