DAVID ANIÑIR GUILITRARO


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Los poemas de David incluídos en esta antología provienen de su libro “Mapurbe”. ¿Qué podría escribir yo aquí, si el prólogo de esa obra pertenece a Leonel Lienlaf? Les paso con él:

Aniñir. Sentado sobre su periferia construye el centro de universo de sus palabras, construye de su caída el camino de retorno, balbuceando palabras en mapudugun, aferrándose al recuerdo de la noche y las historias olvidadas de la tierra.

MAPURBE nos viene entonces con palabras fuertes como latigazos, no como plegarias, sino como sacudida envalentonada, como el despertar de una pesadilla en el que los espíritus externos molestan nuestros sueños.

David nació en la periferia de la ciudad de Santiago de Chile, donde se conocieron sus padres, mapuches expulsados de sus tierras ancestrales por la pobreza y los siglos de usurpación. Por lo tanto, como escribe en Mapurbe, “Somos mapuche de hormigón / Debajo del asfalto duerme nuestra madre / Explotada por un cabrón”.

De eso trata su canto, y del futuro. Poemas fecundados “en el vientre de la madre más puta”, poemas que quieren reivindicar su origen y mostrar todo lo que puede hacerse a partir de la rebelión y las convicciones, de la lucha y del grito, todas formas militantes del amor.

 

 Mapurbe
 

Somos mapuche de hormigón
Debajo del asfalto duerme nuestra madre
Explotada por un cabrón.

Nacimos en la mierdópolis por culpa del buitre cantor
Nacimos en panaderías para que nos coma la maldición

Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriantes y ambulantes
Somos de los que quedamos en pocas partes

El mercado de la mano de obra
Obra nuestras vidas
Y nos cobra

Madre, vieja mapuche, exiliada de la historia
Hija de mi pueblo amable
Desde el sur llegaste a parirnos
Un circuito eléctrico rajó tu vientre
Y así nacimos gritándoles a los miserables
Marri chi weu!
En lenguaje lactante.

Padre, escondiendo tu pena de tierra tras el licor
Caminaste las mañanas heladas enfriándote el sudor

Somos hijos de los hijos de los hijos
Somos los nietos de Lautaro tomando la micro
Para servirle a los ricos
Somos parientes del sol y del trueno
Lloviendo sobre la tierra apuñalada

La lágrima negra del Mapocho
Nos acompañó por siempre
En este santiagóniko wekufe maloliente.