GRACIELA HUINAO


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Rahue es mi lugar de origen y el río me vio atravesar llorando la tarde que dejé mi hogar, como toda mujer mapuche obligada a emigrar”.

Poeta fundamental, mujer mapuche urbana, ser sensible a la conciencia de que impedir que muera la memoria de su pueblo es una misión irrenunciable, eterna muchacha caprichosa que se empeña en vivir de lo que escribe: algunas definiciones entre tantas otras posibles.

Siempre me ha apasionado el misterio de la medianoche. Pareciera que el firmamento dejara caer afilados cuchillos hacia la tierra, partiendo la noche en dos. Pienso en mi madre a medianoche, un 14 de octubre de 1956, cuando mi boca se llenó de sur”.

Allí comenzó. Luego creció, sobrevivió, fue publicada desde Chile hasta Estados Unidos, continúa siendo y así seguirá, porque es de esa clase de gente que nunca aprende… por fortuna para todos aquellos a quienes el sistema mira con cierta desconfianza porque no sabemos rendirnos.

Fue la primera mujer indígena en publicar un libro de poesía, de relatos, en ser traducida al inglés. “Pero no es que mis anteriores generaciones de mujeres no hayan tenido capacidad”, me dice Graciela, “sino que la discriminación es tan grande que a veces nos acorbardamos ante este flagelo. El miedo a romper la barrera de la discriminación cuesta hasta en el alma”.

Algunas de sus obras: “Walinto”, “La nieta del brujo”, “Hilando en la memoria”.

 

La Máscara del Hambre


Mi cuerpo no se acostumbra
a este conviviente
que golpea hoy mi cuerpo
y mañana
abre la puerta de mi casa
ultraja en mi mesa
la última dignidad que poseía.
Yo te denuncio
porque de cerca te conozco
tienes la cara desgarrante de la tristeza.
Fue el peor enemigo que llegó a mi pueblo
y nos robaron las armas al defendernos.
Arrancamos
perseguidos por una fiera
nos dio alcance en el sur
y con sus colmillos nos trituró la pobreza.
Hoy
en mi pueblo
el hambre es rebeldía
y la poesía una máscara
donde oculto el verso amargo
alimento de este canto
y en la boca de mi pueblo
la tortura de cada día.