Introducción:

QUE LLUEVA


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A nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres.

Miguel Hernández

 

No soy, por fortuna, un Hombre de Letras. Las letras sólo me sirven para emborracharme de goce o alucinación en noches de espanto o de alegría (nunca he sabido distinguir bien unas de otras).

Todos están invitados a la ceremonia poética de estas páginas, pero debo advertir a los Hombres de Letras que serán decepcionados. No hallarán aquí análisis semiótico ni antropología literaria, no hallarán profundización teórica, derroche conceptual, postulados de correcta política de la diversidad, ni ninguna de las banderas de la vanidad intelectual. No hallarán aquí más que poesía. No me excuso por eso, más bien me sumo a la celebración.

En estas páginas sólo hay hombres y mujeres cantando. ¿Qué más hay que aclarar? Ya las palabras que llevo escritas en esta introducción comienzan a sobrar.

Así que sólo me tomaré unas pocas líneas más para saludar a mis hermanos y hermanas poetas y agradecer sus entrañables aportes a esta antología:

 

Los convoco porque me devuelven la tierra.

Para mí no era más que una palabra.

Yo era un hombre de lenguaje y no de tiempo,

de metáfora fósil, no de barro. No era un hombre

primordial.

 

La lengua sólo existe

para poder nombrar las cosas sagradas de

la naturaleza, la piedra, el agua, el

árbol, el río, me dijo una tarde

un poeta, en medio de esa

metáfora que los habladores

llamamos el Sur.

Sin tierra no hay palabras.

No nos han quitado un territorio,

no es sólo un lugar donde habitar :

sin tierra no hay idioma,

sin idioma no hay gente de la tierra.

Quisieron arrancarnos la existencia.

Por eso es que cantamos todavía, me dijo.

 

Por eso los convoco. Por el canto

que me enseña que es la tierra la que nombra.

La tierra me devuelven, herman@s, no palabras.

La tierra

que me huele en las costillas como

un humor azul perdido y reencontrado.

 

Que llueva.

Eso es lo que les deseo, herman@s poetas.

Que llueva, que la lluvia sabe cómo

ahogar a quien ahogo se merece

y hacer crecer la voz que crecer debe.

Que llueva.

Ofrezco gota a gota mi guitarra.