Borges on Avon
 

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I

 

No la desidia. Por cierto, no la espada.
No la distancia, que es nostalgia y nieve
(en todo caso, esa distancia leve
que nos separa del ser o de la nada).

No las mujeres (en todo caso, una).
No el silencio ni su miedo. No la espera
detenida en un color de la ceguera.
No Buenos Aires. No la imprevista luna.

¿Qué sombra, entonces? ¿Qué luz te perseguía?
¿Qué juramento oculto en la poesía
que no escribiste, y que luego fue reproche?

¿Qué dictamen de callada voz paterna
te hizo ser el que tradujo en letra eterna
las vanas cosas del día y de la noche?