-VÁYANSE TODOS A LA MIERDA, dijo Clint Eastwood-

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Vera y Andy

 

La idea era tomar un café en lo de Lil y después dejar a Jorge ahí y encerrarme a escribir algunas horas. Pero Lil estaba tan simpática con ese extraño kimono estampado con fragmentos de La Primavera de Botticelli y su sonrisa descansada y fresca de lunes al mediodía (justificación de la sonrisa: de martes a viernes atiende pacientes y dicta cursos en su consultorio de reiki; sábados y domingos hace turno completo en la peluquería de su madre), que no le costó mucho arrastrarnos hasta la casa de Andy y Vera.

Es un ratito, nada más...”, dijo mientras se cambiaba el kimono por un vestido de gasa, lo que incluyó un breve bailoteo al aire libre de su única teta central.

A Vera, aunque tiene las dos reglamentarias, se le ve una sola cuando nos abre envuelta así nomás en una bata de toalla de Andy.

Ay, perdonen que los hice esperar, estábamos re-dormidos. Anoche nos acostamos muy tarde, porque era el cumpleaños de mamá y estuvimos en el restaurante árabe bailando hasta las cinco de la mañana”.

Si la madre sopló las velitas de la torta y practica la tradición de pedir tres deseos antes de hacerlo, quizá uno haya sido que Andy y Vera se separen. Porque supongo que a ninguna madre le cae bien que su hija viva en pareja con su hijo.

Es el asunto del vaso medio lleno o medio vacío”, me dijo Jorge una vez. “Si Vera queda embarazada, el pibe va a ser a la vez hijo y hermano de los dos. Eso es lo malo. La forma optimista de verlo es que para la madre de ellos va a ser un nieto directo por partida doble. El supernieto, digamos”.

En todo caso, imagino que la madre de Vera y Andy estaría demasiado aplastada por la versión “vaso medio vacío” como para siquiera pensar en que podría verlo como “medio lleno”. De todos modos, nada hace suponer que los hermanitos amantes estén pensando en ser padres-hermanos.

Queremos adoptar”, dice Vera sin anestesia.

De eso queríamos hablarte, Lil”, dice Andy algo menos suelto. “Y nos encanta que también estén ellos, ¿no, amor?”.

Sí”, dice Vera. “El tema no es simple, por lo que estuvimos averiguando. Está la cuestión de la edad, por empezar. Andy tiene 23 y yo 20; parece que prefieren parejas de 30 para arriba, y hay miles en lista de espera. Y además no estamos casados, ninguno de los dos tiene trabajo fijo ni título universitario, qué sé yo. Y tampoco sirve que nuestros viejos estén podridos en plata”.

Sí, hay muchos escollos”, apoya Andy y mira a Vera con una ternura cómplice que ella le devuelve en su sonrisa. Ni mención del pequeño detalle de que son hermanos.

Si miro a Jorge vamos a estallar en carcajadas, así que busco una mirada de entendimiento en Lil... que no me mira porque tiene los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas clavados en la tierna parejita.

Te emocionaste...”, dice Vera mientras hace una caricia en el rostro de Lil. “Qué dulce...”.

Ahora sí tengo que mirar a Jorge, porque es el único que queda de mi lado. Supongo.

Sí, es así. Sólo que el tipo realmente lo está disfrutando.

Bueno”, dice Lil aspirando con mucho encanto una gotita de agua mucosa que asomaba de su emocionada nariz. “¿Y... cómo podría colaborar, qué podría hacer yo que les sirviera?”.

Ayudar a amamantar al bebé con su única teta, se me ocurre. La lactancia natural es un derecho del niño, lo que abunda no daña, y si al pibe no le importa que su madre adoptiva adopte como marido a su propio hermano, menos se va a fijar en que la nodriza tenga una sola teta y en el medio del pecho. Rómulo y Remo fueron amamantados por una loba y fundaron un imperio. Tarzán fue criado por monos y sin embargo tuvo una existencia exitosa, mientras que Johnny Weissmuller, que chupó teta de madre sanguínea y luego todas las tetas que se le pusieron delante, terminó en un neuropsiquiátrico. En la vida no hay que ser esquemático.

Los tres pueden ayudarnos”, dice sonriente Vera, y trato de convencerme de que se refiere a Lil, Rómulo y Remo. Pero no.

Sí, los tres”, apoya Andy. “Con el asunto del trabajador social. Ya vieron cómo es eso: vienen a hurgar en tu casa, en tu entorno...”.

Me pregunto qué podría aportar yo. ¿Servirá como caso testigo lo de Tarzán y Johnny Weissmuller? ¿Qué opina, señor trabajador social?

Podríamos proponerlos como testimonios que avalen que estamos capacitados para criar un bebé, que... bueno, que no somos ladrones, ni adictos, ni nada raro...”.

“Nada raro”, sostiene Vera. Bueno, ¿quién podría decir qué es raro y qué no, en un mundo en el que existen las cebras, los albatros, los ornitorrincos o el Giant’s Causeway? Por no mencionar a las jirafas o los Kikuyo-Wakikuyo matriarcales del grupo de los Masai.

¿Por qué no?”, dice Lil. “Si todas esas leyes de adopción, como la mayoría de las leyes en este país, fueron redactadas para una sociedad que ya no es la de hoy. ¿Por qué preservar parámetros perimidos?”.

Ah, esa aliteración espontánea... Me recuerda aquella que citaba Borges: “En la punta de la plaza del pueblo de Pehuajó, hay un letrero que dice ‘La puta que te parió’...”.

Yo creo que cada uno, en tanto joven, debe ser un militante contra lo establecido. La diferencia está sólo en los ojos que miran, no en las cosas que esa mirada establece como diferentes”.

Qué querés decir, Lil”, corta secamente Vera. También la expresión de Andy se tensa. “Qué carajo tenemos Andy y yo de ‘diferente’. Tres orejas, antenas en la cabeza, dos ojos en el culo, qué, a ver...”.

No, no me entiendan mal, yo...”.

¿Vos, qué? ¿Vos nos ves como ‘diferentes’? ¿Te miraste en un espejo?”.

Andy, no me agredas...”.

No, Andy, ¿sabés qué?”, le dice Vera con todo el primitivismo a flor de piel mientras la idea de democracia se derrumba como un rancho de adobe inundado por las dos lágrimas de angustia que corren por el rostro de Lil. “Ella tiene razón: dos homosexuales pueden pedir un chico en adopción, pero nosotros no. De eso se trata, ¿eh, Lil?”.

Chicos, por favor, entiendan...”.

Aún para Jorge, que hasta acá había disfrutado, es mucho; todo será un delirio, pero la angustia de Lil es real.

Pará, Lil, vámonos a la mierda...”, dice mientras la toma con delicadeza de ambos brazos y la va sacando. “Dejá que los pervertiditos se las arreglen solos, o que adopten gatos de la calle. Vamos...”.

Mientras salimos siento las miradas de Vera y Andy anudándome las cervicales. Ya en la calle, Lil se acurruca en el pecho de Jorge y llora.

Yo los quería ayudar... Ustedes saben que es así... Jamás quise hacerlos sentir mal... ¿Cómo es posible que todo se entienda al revés? ¿Por qué todo se tiene que complicar tanto?”.

Nadie tiene la culpa, Lil. Salvo el mundo, que somos todos. Un mundo donde alguien se hace sacerdote católico, pero como además es homosexual pretende que toda la estructura milenaria de la iglesia cambie y se adapte a él, sin ver que todos los principios institucionales del catolicismo pueden ser estúpidos y absurdos pero son esos que son, y más absurdo y estúpido es encapricharse en que todo eso gire a su compás, en vez de salirse de una institución que no lo contiene y, simplemente, inventar algo distinto. Un mundo en el que si te enamorás de tu hermana no aceptás la experiencia desnuda sino que querés tener o adoptar hijos y hasta casarte por iglesia.

Un mundo, en fin, en el que todos hablan de nuevas alternativas sin querer renunciar a ni una de las viejas fórmulas. Un mundo que es sólo una gran academia de la frustración.

Lo siento, Lil. Este es un mundo donde tu democracia es polvillo de soja entre los ácidos gástricos de Nuestro Señor. Lo siento.