-VÁYANSE TODOS A LA MIERDA, dijo Clint Eastwood-

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Federico

 

¿Pero en qué andás, che?”, dicho en un silbido afectado que se detiene un milímetro antes de llegar a lo gay, cerrando con el “che” pronunciado en forma arcaica como homenaje que nadie registra a la vieja oligarquía literaria del Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX, a quienes tampoco nadie ya registra. Este es el tono que Federico considera perfecto para este momento de su vida.

Federico es un escritor de éxito. Pasa tanto tiempo haciendo gimnasia, yendo a comprarse ropa en su moto de colección y dibujándose la barbita, que casi no tiene tiempo de escribir. Esta es, claro, la razón de su éxito.

Para ser justo con él, una vez tuvo una idea excelente. Tanto, que sobrevivió a la liviandad con que él la desarrolló. Igual ni con una bomba de estupidez nuclear se podía lograr que esa idea perdiera interés, porque era algo acerca del clítoris.

¿En qué andás, en qué andás? ¿Estás escribiendo algo nuevo?”.

Sí, pelotudo, sí. Estoy escribiendo algo nuevo, con un sentido que vos nunca vas a encontrarle a esa palabra.

No, nada en especial. De hecho, ya no le encuentro mucha gracia a escribir”.

Pero qué moderno sos, che. ¿Vamos al cumpleaños de Silvana? Se va a poner bueno...”.

El problema mayor con Federico es su barba. Ese dibujo insoportable, una línea de tres milímetros de ancho (longitud máxima de cada pelo = 0,5 mm) marcando el filo de la mandíbula a ambos lados del rostro, uniéndose en un recorrido art-deco con dos rombos y dos curvas que terminan en la comisura de los labios, sobre los que planea un bigotito Clark Gable... ¿Cómo tiene energías cada mañana para el mantenimiento? Lo único que provoca es tacharlo todo con un marcador bien grueso.

Y es aún más insoportable cuando pienso que eso lo convierte en un propagandista de la mierda en que vivimos, del mundo del diseño.

Todo es diseño. Todo es un concepto y una forma externa. Detrás, no hay nada. Ni debajo ni adentro ni arriba. Todo consiste en emitir un concepto —así sea desde la nada—, y eso adquiere entidad inmediatamente. Ya es “algo”. Empezó, como todo, con el arte (quizá haya que culpar a Duchamp), pasó a los media y terminó enchastrando a toda la sociedad. En mi barrio la basura no la juntan los basureros sino unos operarios de ingeniería ambiental. No hay tullidos sino personas con capacidades motrices diferentes. Si decís “negro” o “judío” te hacen sentir que estás insultando a alguien. Y nadie te mete los cuernos, sino que siente la necesidad de explorar otros espacios vivenciales. Ya no hay mucamas, rengos, gordas, mogólicos, putas, porteros de edificio, maricones, concubinas, ni siquiera vendedores (porque son “asesores autorizados” en lo que carajo sea que vendan).

Es como si, por insostenible que esto sea, se creyese que al eliminar las palabras se eliminan las condiciones o circunstancias que definían. En el otro extremo, por lo tanto, con sólo inventar una palabra o concepto se genera una realidad que todos aceptan sin chistar.

Ese es el mundo que Federico simboliza tan bien.

Esta fiesta es una cagada, che. ¿Vamos?”.

Son recién las once y media. Podría llegar a tiempo para ver Get Smart en el cable.

Sí, sí, vamos”.

El asunto es que Federico me lleva en su Harley, lo cual me pone muy nervioso. Especialmente cuando a toda velocidad por la avenida Santa Fe se pone a hablar por su celular.

Sí, soy yo. Qué sorpresa, ¿eh? ¿Qué te parece si paso a verte? Sí, estoy con un amigo. En cinco estamos ahí. Chau...”.

¿Adónde? Me dijiste que volvías para Caballito...”.

Es sólo un momento. Tengo que pasar a verla, aunque sea. Después de todo, se separó porque el marido se enteró que ella se acostó una vez conmigo. Viste cómo son las cosas: los dos éramos jurados del Premio Planeta, nos juntamos una tarde en su departamento, y al carajo. Por alguna inexplicable razón, en una discusión con el marido ella se lo gritó en la cara, y el tipo se fue a la mierda. Pero con amenazas y todo, ¿eh? Una grasada...”.

Ella no está mal, de hecho tiene tetas como ya no se ven en la anoréxica Buenos Aires —y son dos, por supuesto. Pero tiene ese rictus amargo típico de tantas mujeres que quisieron ser a la vez independientes y tradicionales —c’est à dire: llevar una vida “moderna” pero sin cambiar en nada conceptos como el matrimonio—, y a las que por supuesto todo se les fue de las manos, quedándoles sólo esa mueca que pretende denunciar (aunque nadie se entera) que ellas lo hicieron bien y el mundo no. Federico no es demasiado exigente, pero a mí ese rictus basta para volverme impotente.

Qué bueno que viniste, Fede. Es increíble, justo que estaba tan angustiada...”.

Los rombos art-deco se erizan, puedo notarlo a simple vista.

Ah... ¿sí?”.

Sí.. Mi exmarido... Hace una semana que se la pasa llamándome, me tortura, creo que me vigila, no sé... No sé qué hacer...”.

Yo sí.

Permiso, paso al baño...”.

El tiempo de vaciar mi vejiga es el que le doy a Federico para que nos saque de esto. Sino, me iré en taxi y listo.

Pero Federico es confiable en ese sentido.

Bueno, ¿vamos? Ya le expliqué a Gachu que estás con ese problemita de incontinencia y a medianoche tenemos que hacer el tratamiento de moxibustión...”.

Sí”, dice ella y por un segundo el rictus se atenúa, “la medicina china es genial”.

Bueno, mañana te llamo, así me contás lo que te está pasando...”.

Gracias, Fede. No sabés qué importante es para mí en este momento alguien que me ponga el oído...”.

Estoy poco perceptivo esta noche”, dice Federico ya con el viento de Santa Fe haciéndome un lifting, tal es la velocidad de la puta moto. “Mi idea era que la íbamos a encontrar de ánimo receptivo, como para armar algo de tres”.

No puedo contestar enseguida porque Federico dobla por Pueyrredón y mi oreja plumerea un poco el polvo del asfalto. ¡Santo Van Gogh, Batman!

Cuando el joven maravilla endereza su máquina diabólica, apenas me da para comentar:

Y bueno... No todas las noches tiene que pasar algo...”.

 

La Policía no descarta el móvil pasional

Hallan a una mujer degollada en el baño de su casa

¡¿Y vos estuviste ahí?!”.

Por lo que dice el diario, más o menos una hora antes de que la maten”.

Bueno, pero... no habrá problemas, ¿no?”.

¿Te referís a si me van a descubrir?”.

No, boludo, no...”.

¿Entonces qué preguntás? En los asesinatos hay huellas, móviles, todas esas cosas en las cuales no puedo aparecer ni como extra. ¡Si a la mina la vi cinco minutos en mi vida!”.

Sí, está bien, es cierto... ¿Hablaste con Federico?”.

Me llamó apenas lo escuchó en la tele esta mañana. Primero, por supuesto, había llamado al abogado de la multinacional para la que escribe. El tipo le dijo que no va a haber ningún problema, pero que hay que presentarse a la cana y blanquear enseguida que estuvimos ahí”.

¿A eso le llama “ningún problema”?”.

El tipo tiene razón. No vamos a esperar que la cana nos busque... Me encuentro con ellos en veinte minutos. Pero contá, ¿qué pasó anoche? ¿La tercera fue la vencida?”.

La cara de Jorge se ilumina como un globo aerostático que brilla en lo alto pero porque acaba de prenderse fuego por dentro.

Estoy tocando el cielo con las manos. Mirá...”.

Levanta sus brazos, las palmas de las manos hacia arriba, el éxtasis brillando en su rostro como un globo aerostático y todo lo que dije antes. Claro que el azul del cielo es sólo una ilusión óptica, no existe, no se podría tocar.

La segunda teta de Lil tampoco existe, y sin embargo te puedo asegurar que sentís que la tocás...”.