VLAD TEPES, EL VERDADERO DRÁCULA

 

 No era muy alto, pero sí musculoso, corpulento, con una cerviz de toro que le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre sus anchas espaldas una ensortijada melena negra. Llevaba bigote, y su rostro parecía aún más enérgico por sus sobresalientes pómulos. Tenía una nariz aguileña, con las fosas muy dilatadas, y su rostro era rojizo y delgado, anguloso. Sus ojos eran grandes, grises, bien abiertos, y las cejas tupidas y negras le daban un aspecto amenazador. Su apariencia era fría. Inspiraba cierto espanto...”.

Lo que se puede leer más arriba es nada menos que una descripción física de Drácula, hecha por alguien que estuvo frente a él.

Así era Drácula, así lo vio Nikolaus Modrussa, un delegado papal de la Corte húngara.

Así era. Pero, ¿quién era?

 

El hijo del Diablo

Hubo una época en que el mundo (o Europa, que era el mundo y probablemente aún hoy lo sea) estaba dividido entre dos fuerzas que pugnaban por el control total. De un lado el Sacro Imperio cristiano con sus reinos y caballeros, y del otro un gigante espeso y lujoso que avanzaba inquietantemente: el Reino Otomano.

Hacia 1450, los turcos ya habían dejado claro que entrar en territorio europeo no era para ellos tan difícil como para los reyes cristianos lo era detenerlos.  En este punto, los Cárpatos y especialmente la zona de Transilvania y Valaquia (principados de lo que hoy es Rumania) se convirtieron en la llave de Europa, porque era un paso obligado desde los dominios turcos hacia el corazón de los reinos cristianos. Su valor estratégico se hizo incalculable.

Como voivoda (gobernador) de Valaquia fue nombrado Vlad, un noble rumano que, al ser armado Caballero de la Orden del Dragón por el rey de Bohemia, adoptó el nombre de Vlad Dracul, es decir Vlad el Dragón o –según el significado rumano de “dracul”- el Diablo.

Y el diablo tuvo descendencia: Vlad el Monje, Mircea, Radu el Hermoso y el otro Vlad, que se haría conocer como Drácula (la “a” final significa “hijo de”). Vlad el hijo de Dracul. O Vlad el hijo del Diablo.

 

Vlad Tepes

Vlad Dracul padre asistió a una reunión con el Sultán otomano, donde dos de sus hijos, que viajaban con él –Vlad Drácula y su hermano menor Radu-, fueron tomados como rehenes por los turcos y llevados al Asia Menor.

Mientras Vlad, de 14 años, fue un rehén rebelde y agresivo aunque aprovechó los años de cautiverio para aprenderlo todo sobre la política y las estrategias militares de los turcos, Radu el Hermoso se dejó cuidar y mimar por el Sultán que tan inclinado hacia él se mostró. Al punto de que Radu terminó formando parte del harem del Sultán.

El indomable Vlad logró finalmente volver a su tierra, y tras la muerte de su padre (asesinado por enemigos políticos) se convirtió en voivoda de Valaquia en distintos periodos comprendidos entre 1448 y 1476, años en los que se forjó la legendaria figura que pasaría a la historia como uno de los hombres más crueles, geniales e incomprensibles (quizá también incomprendido) de Europa: Drácula, o Vlad el Empalador (llamado así por su método de castigo preferido), es decir, en rumano, Vlad Tepes.

(Nota: Tepes se pronuncia aproximadamente “Sepesh”).

 

Crueldad y Gloria

Fue un hombre único, muy difícil de juzgar desde nuestra visión actual. Un déspota, en principio, pero en un tiempo en que esa palabra significaba sólo “gobernador”. La crueldad de siglos pasados no puede medirse con parámetros de hoy. Por dar un ejemplo: el zar que los historiadores modernos bautizaron Iván el Terrible en realidad para los rusos era sólo “el severo” (eso significa la palabra rusa groznyj).

Señor absoluto de un ínfimo pedazo de tierra que en ese momento se volvió fundamental y codiciado por europeos y musulmanes, Vlad sólo fue fiel al amor que tenía por esa tierra salvaje como él, así se alió y traicionó a unos y otros por igual, a veces simultáneamente. No por nada el supuesto monstruo es considerado hoy en Rumania un héroe nacional.

¿Fue un vampiro? No. Pero morder un cuello y chupar la sangre es casi lo único que le faltó hacer. Para él la vida humana era sólo un instrumento de gloria, la suya y la de Valaquia. Y su crueldad, que fue desaforada a nuestros ojos, era la vía para que, siendo príncipe de un feudo pequeño y casi sin fuerza militar, grandes reyes y poderosos sultanes le temieran.

 

Historia y Leyenda de Drácula

Aquello que usen métodos crueles pueden conseguir afianzar sus dominios. Los que no lo hagan, difícilmente podrán conservar el poder”: este es el consejo de Maquiavelo a quien aspire a mandar sobre otros. Vlad Tepes pudo, sin duda, inspirar este párrafo.

En una carta a su ocasional aliado Matthias Corvinus de Hungría, Vlad detalló los resultados de su campaña para echar a los turcos de las orillas del Danubio: “He matado hombres y mujeres, viejos y niños, desde Oblucitza hasta Samovit. Maté 23.884 turcos y búlgaros, sin contar a los que quemamos en sus casas o los que no fueron decapitados por mis hombres. 1.350 en Novoselo, 6.840 en Silistris, 343 en Orsova, 840 en Vectrem, 630 en Tutrakan, 210 en Marotim, 6.414 en Gurgiu, 343 en Turnu, 410 en Sistov, 1.138 en Nikopolis, 1.460 en Rahovo...”.

La obsesiva exactitud de Vlad revela una intención intimidatoria hacia un interlocutor mucho más poderoso que él, pero también un innegable relamerse en ese exacto recuento de las vidas segadas (nótese que no contaba a quienes “no fueron decapitados por mis hombres”; sólo le interesaban las muertes que podía atribuirse personalmente). Asustaba con su crueldad, y también la disfrutaba. Así iba escribiendo en la Historia su propia leyenda.

 

El Empalador

El empalamiento consiste en plantar en la tierra una alta y gruesa estaca vertical, puntiaguda, y teniendo al prisionero colgando de una cuerda suspendido sobre el palo, soltarlo para que la punta ingrese violentamente por su esfínter o vientre, dependiendo de cuánto se lo quisiera hacer sufrir o durar. Por usar casi exclusivamente esta forma de tortura y ejecución, Vlad se ganó su nombre Tepes, el empalador.

Un sólo ejemplo sobra: durante las rencillas internas de 1460, Vlad dio una lección a sus oponentes tomando las ciudades de Amlas y Fagaras y empalando a toda la población. No se puede hablar de menos de 20.000 víctimas, y esa zona no se repobló hasta un siglo después.

Es famoso un grabado de la época que muestra a Vlad almorzando serenamente rodeado de cientos de empalados.

 

El monstruo humorista

“Es war sein Lust und gab ihm Mut

wenn er sah fliessen Menschen Blut”.

Estos versos de Michel Beheim, contemporáneo de Drácula, son contundentes: “Era su estímulo y su placer / ver la sangre humana correr”. De hecho, eso lo ponía de buen humor.

Una vez dio un gran festín para todos los mendigos de su tierra. Durante la lujosa comida, les preguntó si no querían verse libres de privaciones y penurias. Los mendigos dijeron que sí, así que Vlad salió y mandó quemar la sala del banquete con todos ellos dentro. No quedó ninguno vivo.

Otra vez, se enojó porque un enviado del Sultán se inclinó ante él pero sin sacarse su turbante. El hombre intentó explicar que esa era la costumbre entre su gente, que ni ante el Sultán se descubrían la cabeza. Vlad dijo entonces que lo ayudaría a afirmarse en esa costumbre, y mandó que le clavaran el turbante al cráneo con decenas de pequeños clavos.

En otra ocasión, Vlad se paseaba entre decenas de empalados y un hombre piadoso le dijo cómo podía soportar el hedor de la masacre. Vlad contestó que le agradecía su preocupación, y mandó empalarlo en un palo muy alto para que no oliera ese hedor mientras moría.

Es bastante difícil negar que su crueldad lo divertía y que tenía un siniestro talento.

 

Vlad y Drácula

Vlad Tepes murió a finales de 1476 o principios de 1477, en una batalla contra invasores turcos comandados por Basarab Laiota o bien, más probablemente, decapitado a traición por un asesino a sueldo. Parece ser que cuando se abrió su tumba cientos de años después, estaba vacía.

La sombra terrible de este ser de dimensiones irreales y una crueldad sobrenatural, junto con las variadas tradiciones rumanas del nosferatu, constituyeron los elementos con los que Bram Stoker amasó su pesadilla onírica e inmortal.

Home