¿POR QUÉ NOS FASCINAN?

 

 En toda época, cada cultura tuvo sus razones para necesitar y justificar sus creencias. En nuestros días, el vampiro continúa ejerciendo su eterno don de fascinación, ajeno a la supuesta preponderancia del pensamiento científico y tecnológico. ¿Cuáles son nuestras razones y necesidades para sostener esta ancestral relación?
        Vivimos una era donde lo efímero es la norma, donde lo permanente es reemplazado por lo virtual. Tiempos en los que nada de lo cotidiano –el amor, los oficios, los paisajes urbanos- tiene garantía de perdurabilidad para nadie.
        A quien se pregunte cómo es que en una época de tantos “avances” se puede pensar en vampiros, habrá que informarle que, por el contrario, no puede haber momento más propicio.
        Porque, contra lo efímero, el vampiro nos propone la Eternidad: vida y amor para siempre. Ser para siempre. También sed eterna, es cierto, pero esto implica un impulso y también una quimera: la de un día –una noche, mejor- hallar algo que pueda saciarla.
        ¿Cómo no va a fascinar la posibilidad de derrotar al Tiempo, esa cárcel humana? En la Eternidad todo puede sucedernos alguna vez. Y el hombre, como alguien dijo, quisiera vivir todas las vidas.

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