la locura de merlin

 

 En la cuarta parte del libro aparecen dos textos que hablan sobre la locura de Merlín. Este es el primero: el “Gemido del Fugitivo”, es un fragmento de la leyenda armoricana de Saint Kadok, o San Cadou, un santo bretón nacido hacia el año 522. Más que unas palabras de Merlín en su momento de decadencia, son el lamento y el grito de una raza que fue devastada y permanece en las sombras a la espera de un día en que volverá a ponerse de pie y retomará sus antiguas glorias perdidas. Es, en algún punto, el canto de cisne de toda la raza céltica. Que, increíblemente y por caminos ajenos a las antiguas guerras de hace centurias, en los últimos años del siglo XX y los primeros de este parece haber comenzado a retomar su presencia en el mundo, levantando el estandarte de la poesía y de la música para convertirse en una de las alternativas culturales más potentes y vigorosas del panorama actual. De hecho, nunca en la milenaria historia de la raza se ha oido hablar popularmente de los celtas y lo céltico como en estos tiempos. Así que, Yec’h mat![1]

 

En los tiempos en que yo estaba en el mundo

Todos los hombres me honraban

A mi entrada en cualquier palacio

Todos irrumpían en alegría y gratitud

Allí donde mi arpa sonara

De los árboles caían frutos de oro

Todos los reyes del país me amaban

Todos los reyes extranjeros me temían

Los pobres, en malas épocas, decían:

“Canta, Merlín, canta por siempre”

Todos los bretones decían:

“Canta, Merlín, lo que vendrá”

Ahora vivo en los bosques

Nadie me honra ahora

Lobos y jabalíes, al verme

Muestran sus colmillos

Perdí mi arpa

Los árboles de frutos de oro cayeron

Los reyes bretones han muerto todos

Los extranjeros oprimen el país

Y me llaman Merlín el Loco

Y me lanzan piedras al pasar


[1] En idioma bretón, “¡Salud!”

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