en el bosque de broceliande

 

 La primera vez que pisé Rennes, la capital de la Bretagne francesa, fue en una tarde lluviosa de sábado. Muy pronto supe que a eso le seguirían un lluvioso domingo, y unos lluviosos lunes, martes, miércoles, jueves, viernes...

        “En Bretagne”, me dijo Antoine, mi amigo bretón, llueve todos los días menos los domingos, que llueve dos veces”.

        En realidad se trata de una llovizna constante, más persistente cuanto más te vas acercando a las costas bretonas, salpicadas de islas que te transmiten su dulce y melancólico carácter de “islas del fin del mundo” (de hecho, hay una región costera bretona llamada Finistère).

        Bajo esta permanente llovizna —los bretones la llaman “crachin”, palabra que proviene del verbo “escupir”, y no hace falta explicar más— salimos una tarde hacia la foresta de Paimpont, que se encuentra a 40 km al oeste de Rennes. ¿Qué tienen de particular estas 6.800 hectáreas de robles y hayas? Que lo que hoy se llama Paimpont fue en otros tiempos nada más y nada menos que el Bosque de Broceliande.

        El de Arturo, el de la Dama del Lago, el de la espada Excalibur y la espada en la piedra. El bosque de Merlín.

        La idea generalizada asocia a Arturo y Merlín con Inglaterra. Esto tiene distintas razones. En principio, son historias de una época de fronteras vagas y mutantes, en la que “Inglaterra” podía significar alternativamente Gales, Francia, Irlanda o todo eso junto, y a la vez cualquier pequeño trozo de tierra con un castillo podía llamarse “reino” o “país” y tener su rey. En segundo lugar, la difusión universal de las historias artúricas se debe a ingleses que las situaron en paisajes ingleses: en principio al obispo Geoffrey de Monmouth, hacia 1140, y especialmente a la versión clásica de Thomas Malory de 1470. Podríamos encontrar una tercera razón en la vieja costumbre inglesa de apropiarse de todo.

        Pero Merlín y Arturo pertenecen a Bretagne; de hecho, las fuentes originales de las historias que luego los ingleses reelaboraron se conocen como el “Ciclo Bretón”, aunque se reconozcan en ellas materiales originales galeses y no pueda olvidarse la contribución francesa medieval. En todo caso, se trata de historias celtas: Merlín, ante todo, era un druida; aunque está de moda negarlo en los círculos actuales de estudiosos.

        Cientos de años después, Bretagne conserva el paisaje mágico que enmarcó los días de Merlín en el mundo humano. Llegando a Paimpont, al costado derecho de la ruta ya ves agitarse la mágica foresta. A través de un arco y una puerta medievales se accede a la calle de entrada al pueblo, la Rue du Gal-de-Gaulle, donde a pocos pasos del porche un cartel te informa —como si mirando tu entorno hiciera falta la aclaración— que estás e bro Marzhin (“en el país de Merlín”)[1].

        A metros del cartel, sobre la vereda izquierda, está la pequeña y encantadora boutique de Isabelle y Patrick, donde en un delicioso caos perfectamente ordenado se pueden encontrar armas y armaduras artúricas, bijoux medieval y céltica, elfos, korrigans[2] y hadas bretonas, miel de frutas del bosque mágico y todo lo que se te ocurra. Todo el tiempo uno siente que hay miradas detrás y entre los objetos. Todo el tiempo se siente la mirada socarrona de Merlín sobre tu nuca.

        Y en los alrededores las referencias al Encantador son innumerables. Cruzando un lago está el Château de Comper, una fortaleza erigida junto al lugar donde Merlín construyó para su amada Viviane un castillo de cristal sumergido en las aguas del lago.

        A poca distancia, cerca de Télhouet, en el corazón de Broceliande, se ven restos de dólmenes en forma de galería cubierta donde Viviane retiene cautivo por nueve círculos mágicos a Merlín.

        Volviendo a Paimpont y bajando un par de kilómetros se llega al Pont du Secret[3], el lugar donde, cumpliendo la profecía de Merlín, se concretó la traición de Lancelot, que amaba mucho a su amigo y rey Arturo pero más a su esposa, la bella Ginebra, y que en este sitio la poseyó.

        De nuevo en el pueblo y saliendo ahora hacia el oeste se halla la Fontaine[4] de Barenton, donde Merlín se encontró por primera vez con Viviane. Y bajando desde allí en dirección a Trehorenteuc te internas en el Val sans Retour[5]; entre su inquietante niebla y sus árboles altísimos quizá halles aún al hada Morgana, hermana de Arturo, que despechada y enfurecida por los celos tras haber sido rechazada por un caballero, hechizó el valle: todo aquel que pasara por allí y fuera culpable de infidelidad, jamás podría abandonar el lugar.

        Sólo se tienen noticias de uno que pudo entrar y salir: Lancelot, que siempre fue fiel a su adúltero amor por la infiel Ginebra. A pesar de que esto muestra cierta elasticidad en el concepto de fidelidad de Morgana, no te metas en el Val sans Retour si no estás bien seguro de lo que hiciste últimamente. De hecho, aún hoy no es un lugar que tenga muchos visitantes que se paseen tranquilos por allí.

        Aquí, en Bretagne, es entonces donde la presencia de Merlín continúa siendo palpable. Bretagne es un  viaje a los orígenes del mago más recordado de todos los tiempos.


[1] En idioma bretón.

[2] El “korrigan” es algo así como el duende nacional de Bretaña.

[3] “Puente del Secreto”.

[4] “Fuente”.

[5] “Valle sin retorno”.

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