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capítulo 6: "en el palacio del rey"  (ver Vocabulario a pie de página)

Llevando la Flor del Quiñilhue dentro de una gran gota de agua, Ita atravesó cielos, ríos y valles, hasta llegar a una montaña cuya ladera estaba envuelta en brumas y en cenizas que se abrieron como puertas. Ita sintió que una fuerza invisible lo absorbía haciéndolo rodar y rodar, hasta que se encontró a los pies del Rey Inca.

Miró ese rostro: estaba cubierto por una máscara hecha de láminas de oro y plata que formaban una cresta de gallo, dejando ver sólo un ojo, enorme, que se agrandó cuando el Rey preguntó:

¿Qué me traes de tu Soberano?—, mientras el Príncipe, su hijo, se acercaba a Ita.

Ita no llegó a contestar, pues el joven Príncipe se precipitó sobre la gran gota de agua, pero fracasó en su intento de arrancar la Flor que en ella se resguardaba. Urgido, increpó a Ita:

Rápido. Sácalo. Sé que es el corazón de esa joven que durante treinta lunas mi sueño soñó—. Y volviéndose al Rey, agregó: —Padre: en mi sueño, el dios Inti (*) me reveló que me enviaría una virgen del sol (*).

¡Saca lo que traes ahí!—, ordenó el Rey a Ita.

Desconcertado, Ita se demoró, ahogado en su respiración, ante el gran ojo de gallo del Inca y el rostro expectante del joven que esperaba a su amor.

¡Ya! ¡Te lo ordeno!

Ita reaccionó hundiendo sus manos en esa agua que sólo él podía abrir, hasta que, tembloroso, sacó la Flor. El silencio del Rey fue como un relámpago, que en una tormenta de ira estalló:

¡Han burlado a mi hijo!—, y diciendo esto arrancó la Flor de las manos de Ita y a pisotadas y pisotadas la pulverizó.

Con el último pisotón del Rey, de pronto todas las puertas y ventanas del palacio comenzaron a agitarse y a golpear: era Mewlén (*), el viento, que furioso levantó el polvo de la Flor pulverizada. Y este polvo cubrió los cuerpos de Ita y el Príncipe en el momento justo en que el Rey, señalando a Ita, ordenaba:

—¡Lo quiero muerto ya!

—¡No!-, gritó el Príncipe.

—¿¡Mi propio hijo me traiciona así, y en mi propia cara?!—, aulló el Rey fuera de sí. Pero no terminaba de hacerlo cuando Ita y el Príncipe desaparecieron disueltos en el polvo de la Flor, y este polvo en el viento. El Rey quedó atónito, en medio del golpear enloquecido de puertas y ventanas. Solo.

 

  

Vocabulario:

o  Inti

Dios del sol para los incas.

 

o Vírgenes del Sol

Sacerdotisas que, entre los incas, acompañaban y servían al dios Inti.

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