Introducción

 

La gente que no se ríe nunca no es gente seria”.
La frase pertenece a Alphonse Allais, uno de los autores que integran esta antología, y muestra la intimidad del mecanismo devastador del humor: una idea crítica expresada mediante el juego de la imaginación y las palabras.
No hay humor si no hay crítica. El humor siempre cuestiona. El título de este libro habla de “humor negro” porque esa fórmula es reconocida como un género literario. Pero eso no debería inducir al error de pensar que algo llamado humor negro postula la existencia de uno “blanco”, porque ese no existe. Hoy puede verse a Chaplin —por mencionar el arquetipo del humor “para todos”— como algo ingenuo, pero para quien se tome el trabajo de estudiar más a fondo tanto su obra como el contexto en que la realizó, resultará claro que Chaplin fue corrosivo como el que más, en especial sus primeros años.
Hay casos en que el humor se hace más explícito en cuanto a esa condición subversiva y desafiante de lo establecido, y es el que nos toca. El llamado humor negro se mete con temas de por sí incómodos: la muerte, la crueldad, el crimen; es decir: se ríe de lo que no es correcto reírse. Y es esto lo que potencia su efecto, y lo que lo convierte en un género muy caro tanto a quien lo hace como a quien lo dis-fruta. En ese sentido, la fuerza de esta clase de humor tiene características muy claras: vitalidad, rebeldía, complicidad.
Todo esto se hace aún más interesante cuando quienes lo ejercitan tienen la maestría de los autores reunidos en esta antología. En la que podría, es obvio, haber muchísimos exponentes más. Pero preferí incluir más textos de algunos de ellos antes que un solo cuento de cada uno, porque como lector me ha sucedido mu-chas veces —ya que también alguna vez descubrí algún autor en una antología— que me quedaba con ganas de más. Los casos de Saki y Allais son buenos ejemplos.
El humor negro no es tampoco, como alguna vez se ha dicho, una “invención” de la literatura culta. Ya en culturas originarias lo encontramos, y como ejemplo vaya el siguiente texto con el que se cierra esta introducción. Pertenece a un poeta anónimo de la tribu chipewa del norte de América, quien dice:

                                                Me estoy preguntando
                                                si se sentirá de verdad humillada
                                                la mujer sioux
                                                a la que le he cortado la cabeza.
 

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